
VIVIENDO LA FE TRAS LAS HUELLAS DE JESUS.
La llamada al seguimiento parte siempre de una iniciativa de Jesús. Si alguno lo pretende seguir por propia iniciativa es invitado a tomar otro camino (cf. Mc 5,18-20). De este modo Jesús podrá decir más tarde: «No me habéis elegido vosotros a mí, sino yo a vosotros» (Jn 15,16) (4). El sujeto original de la vocación al seguimiento es siempre Jesús. Nadie se hace a sí mismo discípulo. Es Jesús el que hace discípulos. El hombre puede ponerse en camino hacia Jesús sólo después que Jesús se ha puesto a caminar por los senderos del hombre. El seguimiento no es conquista, sino un ser conquistado. Así lo experimentó Pablo y así lo experimentaron los discípulos de todos los tiempos: sentir la llamada al seguimiento es sentirse «escogido, alcanzado y ganado por el Señor Jesús» (Fil 3,8-12). Por esta misma razón, la vocación al seguimiento culmina con la transformación existencial que da lugar a un nuevo yo: «No soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí» (Gál 2,20). El seguimiento tiene como fuente el mismo Jesús y como término su misma persona.
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